Extensión Universitaria: Su dimensión cultural en la interrelación universidad-sociedad.

1 Sep 2017

Autores: MSc. Ariadna Silva Arocha

                Profesora asistente. Departamento de Extensión Universitaria de la 

                Uniss “José Martí Pérez”.

                Lic. Dasiel Luis Díaz

               DrC. Noris Rodríguez Izquierdo.

 

RESUMEN

La universidad contemporánea es la síntesis de los procesos históricos, políticos, sociales, económicos y culturales y por ello le corresponde el papel privilegiado de ser la institución social que más integralmente preserva, desarrolla o promueve la cultura. No solo promoverla en su entorno, sino llevarla a la sociedad a través del trabajo extensionista esencialmente. El presente trabajo propone reflexionar acerca de las concepciones de Cuba y América Latina sobre la necesidad de la vinculación social de la universidad desde su dimensión cultural, y el rol que juega la extensión universitaria en este sentido.

 

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, los avances tecnológicos no sólo han modificado nuestras formas de comunicarnos y relacionarnos. También, sin que apenas podamos intuir todos sus recorridos, están transformando los modos de acceder al conocimiento, de crearlo y difundirlo, abriendo los procesos de enseñanza-aprendizaje a nuevos significados e interacciones, en el tiempo y en el espacio.

En este escenario, las Universidades muestran un denominador común (Rosovsky, 1997) que las hace simultáneamente singulares y universales: crear y transmitir la cultura; una misión con frecuencia olvidada, cuyos propósitos pedagógicos y sociales comprometen a las Universidades con diferentes modos de representar e interpretar el mundo, de vivirlo y sentirlo en su sentido antropológico e histórico más profundo.

A diferencia de un pasado persistentemente empeñado en observar la extensión universitaria como un conjunto de actividades que aproximan la Universidad a la sociedad, en la estimable tarea de contribuir a democratizar los saberes que crea e imparte, en la actualidad comienza a entenderse mucho más como una forma de comprometer y responsabilizar a las comunidades universitarias con los procesos de cambio y transformación social. Y, por ello, como una vía privilegiada para garantizar la inclusión y la accesibilidad a una educación de todos y para todos, libre y liberadora, durante toda la vida y sin barreras que limiten sus aportes a una mayor equidad y justicia social.

Extender las Universidades a la sociedad ya no es el sinónimo de lo que voluntaria y cooperativamente podrán hacer los universitarios por quienes se relacionan de forma directa, cercana y convivencial, con ellos. Sin que pueda o deba dejar de serlo, hoy más que nunca la extensión universitaria adquiere el sentido de lo que han de hacer las Universidades por, para y con quienes ven en ellas una oportunidad de ser más y mejores personas, más y mejores sociedades, sean cuales sean las realidades en las que inscriban su cotidianeidad. ¿Qué papel han de jugar las Universidades en su misión extensionista?

Con el presente trabajo se propone reflexionar acerca de las concepciones de Cuba y América Latina sobre necesidad de la vinculación social de la universidad y el rol que juega la extensión universitaria en este sentido.

DESARROLLO

El Siglo XXI plantea a la Universidad la necesidad de revisar y resignificar su misión, centrada principalmente en consensuar, con toda su comunidad, su pertinencia y su compromiso social. Esta revisión es imperiosamente necesaria, si nos detenemos a analizar las misiones y funciones de esta Institución desde su nacimiento hasta nuestros días.

Los antecedentes del desarrollo cultural integral en la Universidad datan de inicios del siglo XVIII en América Latina donde ya se habían fundado Universidades desde el siglo XVI aunque solo para los dueños de las riquezas con carácter elitista y sexista y atendidas por órdenes religiosas con una enseñanza escolástica. Desde sus mismos inicios el siglo XVIII prepara las condiciones para un momento de cambio. La cultura importada, fue fecunda en tanto sentó las bases de modo progresivo, para el aglutinamiento de un nuevo pensamiento característico de una nueva etapa. Es de resaltar la importancia que tienen en este proceso las Sociedades Económicas de Amigos del País como promotoras de reformas económicas, culturales y educativas.

El último cuarto del siglo XVIII desempeña en América una función precursora en la preparación de los fundamentos económicos, filosóficos y políticos así como social, cultural y educacional en relación con el siglo XIX.

El origen de la Extensión Universitaria y su evolución ha estado ligado a los momentos políticos que han vivido los países, en especial en Latinoamérica.

Durante el siglo XIX Inglaterra tuvo como escenario primordial el surgimiento de las universidades, lo que dio lugar al desarrollo de las primeras acciones extensionistas, expandiéndose rápidamente a Europa y  Estados Unidos como consecuencia de todo un proceso histórico dirigido a lograr la autonomía y la democratización de la universidad.

La epopeya emancipadora cultural-educacional del siglo diecinueve tiene en Martí el eslabón necesario que resume a las más altas lumbreras pedagógicas americanas, sus más preclaros pensamientos, sus más progresistas aportes y su desinteresada acción por servir de enlace entre ese siglo de glorias continentales y el actual dominio imperialista estadounidense que él previó y sobre cuya maldad alertó a toda América.

Asume al hombre como un ser educable que resume y refleja las condiciones de su época y las circunstancias en que vive. El hombre como individuo es expresión de la cultura y las relaciones de un pueblo, el cual expresa un conjunto de valores en su pensamiento y acción transformadora. Concibe al hombre como un sujeto activo en el proceso del conocimiento. Con este presupuesto humanista, práctico y desalienador como fundamento estableció su concepción sobre la educación.

En noviembre de 1883, en la revista “La América”, vio la luz el artículo “Escuela de electricidad”, en ese artículo expresó que:

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida”. (Martí, José, 1963, 281).

Concibe la educación como un proceso de crecimiento personal, de desarrollo de todas las potencialidades naturales que cada hombre posee. Asume la educación como una necesidad de cada período histórico y sociedad en particular de preparar para la vida social, activa y útil a cada ciudadano, condición esencial para que cada hombre viva en libertad plena y en armonía con su tiempo y condiciones específicas.

El Apóstol le concedió una importancia cardinal a la preparación del hombre para vivir con desahogo y orgullo en su tierra natal. Quizás pocos estudiosos del tema hayan situado con tal claridad la unión indisoluble que existe entre educación y cultura, quizás pocos se hayan puesto a reflexionar en que la función esencial de la escuela, más allá de propiciar procesos de enseñanza aprendizaje de conocimientos, habilidades y valores debe contribuir también, y de hecho es uno de sus encargos principales, al desarrollo de un sujeto integral que, identificado con su cultura, la transforme y la trascienda y sea, a su vez, un creador de  cultura.

De ahí que se haga la generalización de que será más culto quien alcance estas mayores cantidades de saber, saber hacer y saber comportarse obviando que, en esencia, (…) un hombre culto no es sólo un reservorio de conocimientos, como enuncia la comprensión más común, sino aquel que es capaz de emplear esos conocimientos en aras de actuar sobre su propio desarrollo y contribuir al desarrollo de los demás… de actuar conscientemente en, desde y sobre la cultura. (Labarrere Sarduy, Alberto. 2002, 54).

 A fines del siglo XIX, la educación que dispensaban las estructuras de poder en el continente aún después de desarrolladas las revoluciones de independencia en muchos países se distinguía por su carácter memorista, escolástico, portadora de un acentuado divorcio entre los problemas de la vida y las necesidades del hombre, en oposición a ello nuestro Apóstol concibió la educación con un carácter práctico y funcional en que cada hombre aprenda actuando, trabajando y ejercitando su condición de ser un creador.

Desde los primeros años del Siglo XX se comenzaron a suceder diferentes  movimientos reformistas en distintas universidades de América Latina. Como producto de ello, se concibieron las primeras ideas para lograr un acercamiento de la universidad con la intelectualidad de avanzada en las distintas naciones, y del establecimiento de un vínculo de los estudiantes universitarios con el sector obrero y campesino. Todo esto permitió la búsqueda de intercambios entre las universidades latinoamericanas, con el propósito común de encontrar las vías más efectivas de una vinculación universitaria ajustada a las exigencias socioculturales y políticas del momento.

La universidad en su conjunto, debe repensar su “misión social”, recuperando, profundizando y concretando los postulados enunciados en la “Reforma Universitaria de 1918”. Ésta inició un quiebre con aquel modelo que, entre otras innovaciones precursoras impulsó la “extensión universitaria” para vincular la institución al pueblo. Desde este momento, el vínculo universidad-sociedad fue afianzándose.

El movimiento de Reforma Estudiantil de la Universidad de Córdoba de 1918, representó el punto de partida del proceso de transformación de la universidad latinoamericana. Fundamentalmente, sus estudiantes planteaban: asistencia libre a clases; docencia libre; remplazo de la enseñanza escolástica por la investigación viva en los laboratorios y seminarios; participación de los estudiantes en el gobierno universitario; extensión universitaria para vincular la institución al pueblo y, fundamentalmente, autonomía universitaria. Este movimiento reformista se expandió y concentró, en general, las aspiraciones del movimiento estudiantil en América Latina.

Rápidamente toda América Latina asumió los postulados de la Reforma lo que trajo consigo que se desarrollasen diferentes movimientos reformistas con objetivos de alcance similar en toda la región.

Los eventos convocados por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), desde inicios de la década de los años 50 del siglo XX, hasta mediados de la década de los 70, influyeron de manera decisiva en la precisión de conceptos y contenidos de una nueva universidad no divorciada de la realidad social de los países latinoamericanos. Sin embargo, los avances alcanzados en el ámbito teórico conceptual no tuvieron una expresión real en la práctica de las universidades, las que se vieron limitadas en su acción por la situación económica, política, social y cultural presente en el contexto de la región. Lo anterior estuvo dado, por el desinterés de los gobiernos de turno y por la falta de prioridad que se le otorgó a la significación verdaderamente social de la universidad.

El hecho más significativo de este período se centra en los avances logrados en el desarrollo de actividades de corte artístico y literario, lo que se inició como una cierta respuesta estructural a la actividad extensionista de la Educación Superior. Sin embargo la función social de la universidad no llegaba a ser lo suficientemente efectiva por el carácter asistemático de las actividades que se planificaban, siendo éstas incoherentes y carentes de la profundidad y orientación necesarias, además de ser concebidas por iniciativas personales o grupales, pero nunca estructuradas en un programa integrador de la institución universitaria en su conjunto.

El período actual se ha caracterizado por la búsqueda constante de mecanismos de integración entre las universidades latinoamericanas y de estas con la sociedad, lo que ha conllevado a la creación de espacios de reflexión en el campo de la extensión como lo han sido los siete congresos latinoamericanos de extensión universitaria celebrados en el último lustro.

Estos eventos y otros con carácter binacional han permitido cierto acercamiento entre las universidades del área, pero no han logrado la real integración buscada dado que la mayoría de los planteamientos aún no encuentran respuesta en la práctica, lo que ha propiciado un marco de convencimiento de que para que la extensión universitaria se desarrolle y asuma su verdadero papel es necesario como premisa tener otro contexto nacional que favorezca la misión social de la universidad.

La universidad, como institución social ha de contribuir a la formación socio-humanista, a la reafirmación de la identidad cultural y nacional, a demostrar la superioridad humanista del socialismo y a la formación de valores que implican mejorar la calidad de vida espiritual; tanto en la comunidad intrauniversitaria como en la de su entorno, con énfasis en la preparación de los futuros profesionales, cada vez con una cultura general más amplia, sinónimo de formación integral, de desarrollo político-ideológico, de competencia profesional, de incondicionalidad y de defensa de la Revolución en el campo de las ideas. En resumen, formar personas más plenas e integradas.

Las funciones y actividades de la universidad se cumplen a través de tres procesos fundamentales: El proceso docente educativo que forma los profesionales y garantiza la conservación de la cultura; el proceso de investigación científica que genera nuevos conocimientos y posibilita el desarrollo de la cultura y el proceso de extensión cuyo objetivo es la promoción a la sociedad de los conocimientos y habilidades profesionales e investigativas. El vínculo universidad- sociedad debe ser el resultado de un proceso bidireccional y dialéctico de  interacción social integrando los tres procesos en una totalidad que garantice el cumplimiento de la misión social de la universidad.

Para esta investigación resultan importantes los criterios de (González, 1996: 26) cuando expresa que “el cumplimiento de este encargo social no corresponde a una función específica de la universidad, sino a la institución en su conjunto, ya que su satisfacción se concreta en la preservación, desarrollo y promoción de la cultura, que en su interrelación dialéctica son expresión de la integración, docencia-investigación-extensión”

Se coincide en que para preservar la cultura que promueve y desarrolla la universidad, es necesario la integración de los tres procesos, docencia, investigación, y  extensión que de manera íntegra contribuyen al cumplimiento de este encargo social, constituyendo este último el elemento unificador entre la investigación y la enseñanza que se imparte.

Si tenemos en cuenta que la universidad en cualquier lugar de mundo donde se ubique, como regularidad, es una institución social que tiene, como componente del cuerpo social, una marcada responsabilidad con la sociedad que se concreta en actuar por el mejoramiento económico, político, social y cultural, como sistema de vida del pueblo, no puede conformarse con el desarrollo de sus procesos de docencia e investigación, sino que también requiere desarrollar el proceso de extensión para dar cumplimiento a su encomienda social, promoviendo la elevación del nivel cultural a partir de la participación del hombre como agente activo de su propio desarrollo.

Esto conlleva a que el nivel de satisfacción del encargo social está directamente relacionado con la madurez y significación  que como institución cultural alcance la universidad en su interrelación con la sociedad, en lo que la extensión es un factor clave, pues garantiza un vínculo más amplio y dinámico, que propicia la identificación, la comunicación y la actividad conjunta de los universitarios y la población en general, y estrecha su imprescindible unidad.

El tema de la extensión universitaria resulta polémico y contradictorio y ha ido evolucionando en la medida en que la extensión se ha consolidado como función y proceso inherente a la universidad.

(Hurrutinier, 2006: 42)  lo define como “toda labor expansiva de carácter educativo y social, realizada por la universidad fuera de la esfera oficial docente”.

Este concepto aparece por primera vez en 1898, pero se ha perfeccionado y enriquecido por otros autores, llegándose a considerar la extensión como “el proceso de comunicación entre la universidad y la sociedad basado en el conocimiento científico, tecnológico, cultural, humanístico, en la institución y en su capacidad de formación educativa con plena conciencia de su función social”. (Hernández, 2006: 83)

Este proceso amplía la integración entre universidad y sociedad, entre oferta y demanda del conocimiento, entre lo que se investiga y los problemas de la sociedad para dar lugar a un proceso interactivo donde el conocimiento se construye en contacto permanente con su medio y es permeado por este.

La extensión universitaria puede considerarse como “una función rectora en el vínculo entre universidad y sociedad, al ser el elemento integrador y dinamizador que facilita el flujo cultural continuo entre la universidad y la sociedad en el que las enriquece mutuamente” (Alarcón, 1994:36). 

Otro investigador que ha abordado el tema de la extensión, pero desde el punto de vista de su gestión es Santos para el cual “la extensión universitaria es una función compuesta por diversas actividades de diferente naturaleza que mantienen su unidad, no en la similitud de sus procesos, sino en su objetivo: contribuir al vínculo de la universidad con su entorno, a través de una correlación de doble vía”. (Santos, 2001: 42)  

Sin embargo,  en estudios posteriores realizados por Mercedes y Gil Ramón González se llega a una concepción más acabada de extensión, concepción con la cual la autora coincide y asume en el transcurso de la investigación. Así queda definida: “…proceso que tiene como propósito promover la cultura en la comunidad intrauniversitaria y extrauniversitaria, para contribuir a su desarrollo cultural.” (González & González, 2004: 6)

Al asumir este concepto se reconoce el carácter de función y de proceso de la extensión universitaria, los cuales  tiene relación dialéctica, y  se complementan.

La extensión universitaria tiene entonces carácter de función, pues mediante ella se establecen los vínculos de la universidad con la sociedad,  los cuales se dan desde los tres procesos: docencia,  investigación y extensión,  solo que en este último son más dinámicos  y están  sustentados en determinadas características, que lo corroboran.

A partir de la evaluación realizada de los modelos al uso en las universidades latinoamericanas, se reconoce que son tres las concepciones que en mayor medida se manejan y aplican en las prácticas extensionistas (González & González: 2010):

Modelo tradicional de extensión

La extensión desde una universidad iluminista, que es fuente de conocimiento y saberes, y des­de este lugar se vincula con algunos sectores con un carácter más bien de dador a receptor y de manera especialmente unidireccional. Relación del saber institucionalizado, dirigiéndose a quien no lo posee.

Modelo economicista

La extensión desde una universidad que interactúa en el mercado como una empresa más en este entorno. La universidad adquiere el rol de soporte científico y técnico del sector productivo y el saber se organiza en función de la rentabilidad económica y de la oferta direccionalizada de la universidad hacia el mercado, en la que esta se convierte en una estación de servicio. Se hace otro tipo de extensión que se orienta a la transferencia tecnológica y a la actualización y capacitación de los profesionales.

Modelo de desarrollo integral

La extensión desde una universidad democrática, crítica y creativa, que parte del concepto de la democratización del saber y asume la función social de contribuir a la mayor y mejor cali­dad de vida de la sociedad, desde un diálogo interactivo y multidireccional con los diferentes actores involucrados en la relación. La extensión desde una universidad, que no solamente aporta al crecimiento cultural, sino también a la transformación social y económica, y con ello a su propia transformación.

Tal consideración se manifiesta a tono con un enfoque, donde la extensión se convierte en elemento esencial para que las universidades se inserten en el desarrollo cultural de las naciones latinoame­ricanas y caribeñas, interpretándolo como la fuerza vitalizadora capaz de garantizar la satisfacción creciente y estable de las necesidades materiales y espirituales de la colectividad humana. De esta manera, con la consolidación de la extensión universitaria, se refrenda el carácter público de la universidad, se ejercita la presencia de la institución en la sociedad; se valida su saber y se legitima su pertinencia académica–social, en una relación dialógica con los diferentes actores sociales. ­

Esta consideración, identificada como paradigma, enuncia las aristas fundamentales que deben caracterizar la extensión universitaria en el contexto de la Nueva Universidad Cubana. Esto exige que la universidad se reconstruya internamente, teniendo en consideración la realidad sociocultural de la cual participa.

El vínculo con la sociedad incluye la transformación consciente del medio y que para ello, la universidad debe consolidar desde la extensión el desarrollo integral de la comunidad intrauniversitaria e intrauniversitaria contextual (estudiantes, profesores y trabajadores), para simultáneamente desarrollar culturalmente la comunidad extrauniversitaria.

Tomando en cuenta los elementos antes expuestos la estrategia de Extensión Universitaria de la Universidad “José Martí Pérez” para el curso 2014-2015, planteó como objetivo estratégico: Desarrollar la Extensión Universitaria, transformándola a partir de asumirla como un proceso orientado, esencialmente, a la labor educativa y político ideológica, que promueva y eleve la cultura general integral de la comunidad universitaria  y de su entorno social.

La RM 210/2007 del MES establece el fundamento legal de aspectos  relacionados con el trabajo docente y metodológico en las universidades cubanas, por lo que se precisan algunos artículos,  que muestran el creciente interés estatal por  el desarrollo de la labor extensionista.

ARTÍCULO 1:

La formación de los profesionales de nivel superior es el proceso que, de modo consciente y sobre bases científicas, se desarrolla en las instituciones de educación superior para garantizar la preparación integral de los estudiantes  que se concreta en una sólida formación científico técnica, humanística y de altos valores ideológicos, políticos, éticos y estéticos, con el fin de lograr profesionales revolucionarios, cultos, competentes, independientes y creadores, para que puedan desempeñarse exitosamente en  los diversos sectores de la economía y la sociedad. 

ARTÍCULO 2:

La formación de los profesionales se desarrolla de forma curricular (el proceso docente educativo) y extracurricular.

La investigación-científica extracurricular y la extensión universitaria, así como la participación en tareas de alto impacto social, se integran a esta labor de formación, constituyendo elementos de vital importancia para la formación integral de los estudiantes.

ARTÍCULO 3:

El modelo de formación de la educación superior cubana es de perfil amplio y se sustenta en dos ideas rectoras:

  • La unidad entre la educación y la instrucción, que expresa la necesidad de educar al hombre a la vez que se instruye.
  • El vínculo del estudio con el trabajo, que consiste en asegurar desde el currículo el dominio de los modos de actuación del profesional, en vínculo directo con su actividad profesional.

ARTÍCULO 4:

El profesional de perfil amplio es aquel que posee una profunda formación básica, que le permite resolver con independencia y creatividad, los problemas más generales y frecuentes que se le presentan en su objeto de trabajo. Esta formación le servirá de base para la adquisición de nuevos conocimientos y le permitirá su adaptación a nuevas condiciones de su objeto de trabajo.

ARTÍCULO 5:

La labor educativa  en los centros de educación superior constituye la principal prioridad en el proceso de formación y se desarrolla utilizando un enfoque integral, que involucre a toda la comunidad universitaria con la  participación  activa de estudiantes, profesores y trabajadores en general.

Para el desarrollo de la labor educativa se deben utilizar la vía curricular y la extracurricular; y estructurar  esta labor en los diferentes niveles organizativos en que tiene lugar el proceso de formación.

ARTÍCULO 6:

La vinculación del estudio con el trabajo expresa la necesidad de formar al estudiante en contacto directo con su profesión, bien a través de un vínculo laboral estable durante toda la carrera, o a partir de un modelo de formación desarrollado desde el trabajo.

En correspondencia con los aspectos comentados anteriormente se plantean los criterios a partir de los cuales el sistema de extensión universitaria debe estar organizado para que las áreas académicas y las dependencias administrativas que la conforman, fundamentalmente las facultades y departamentos docentes, así como los departamentos no docentes, áreas y otras dependencias tales como centros de estudio, grupos de investigación, de software educativos y otros dedicados a la labor investigativa, desarrollen programas y proyectos de manera coordinada que contribuyan a perfeccionar el sistema de extensión.

De esta manera, también se prevée que el Departamento de Extensión Universitaria y sus subordinados, puedan organizar, dirigir y participar en decisiones y trabajo colegiado con todas las instancias de la institución en función de la labor sociocultural con la comunidad, lo que les permitirá fungir como promotoras de la extensión y fuerte apoyo para que las restantes áreas desarrollen la función.

Con esta propuesta, el proceso extensionista se enriquece para lograr en su dirección estratégica extrauniversitaria, la participación activa de todos los sujetos en el proceso del desarrollo sociocultural comunitario en su más amplia acepción.

CONCLUSIONES

-La extensión universitaria constituye uno de los procesos sustantivos que desarrolla la UNISS “José Martí Pérez”. Las acciones que conforman este proceso encuentran su fundamento teórico y metodológico en diferentes fuentes que expresan el avance que ha logrado la concepción de la labor universitaria desde una porción plenamente distinta y encerrada en sus predios, hasta una apertura democrática de interdependencia con la sociedad.

-Los futuros profesionales deberán lograr un protagonismo pleno en las acciones que se diseñen, de manera que en su formación se logre conciencia de cómo la universidad debe promover cultura a la sociedad.

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Ariadna Silva