Martí no tiene esquinas

19 Jul 2018

Este fin de semana, en la

CColmenita del Cotorro en Cultura y Nación en ek Barrio

Presentación de la colmenita del Cotorro en Cultura y Nación en el Barrio

escuela primaria Quintín Banderas del Cotorro, se recogieron los primeros frutos

de los muchos que vendrán, gracias a todo lo bueno que se ha venido juntando alrededor del proyecto “Cultura y Nación, el misterio de Cuba, en el Barrio”.

 

La Sociedad Cultural José Martí había convocado desde hacía tres meses a los factores de la comunidad para, teniendo como centro el mejoramiento de la escuela y su entorno, unirnos en el hermoso empeño de contribuir a transformar el barrio con acciones de impacto que, al mismo tiempo, nos hacen a todos mejores seres humanos, mejores revolucionarios… y, como colofón,  el pasado viernes 13 de julio, todos estábamos allí, en plena calle, pegaditos a la tarima donde la Colmenita del Cotorro dio inicio a dos días cargados de actividades.

 

La reparación y decoración de la Escuela y sus alrededores eran ya un hecho y la comunidad en pleno se reunió para ver cuánto de cultura se hace y reflexionar sobre cuánto más se puede hacer. Estudiantes, maestros, sus familias, la comunidad: todos juntos.

 

Cuando terminó la apertura, y antes de comenzar el Plan de la Calle, fue inaugurado el bosque martiano de la escuela. La mañana transcurrió a la sombra de ocujes y palmas reales en las mesas de taller que se colocaron para que niños y adultos hicieran arte del barro, de crayolas y temperas. Y del otro lado del patio de la escuela recién pintada, un campo de béisbol recuperado esperaba que el sol cediera un poco para ser inaugurado con un partido amistoso entre dos equipos infantiles locales. Para entonces, ya un martiano del Consejo Beisbol de Siempre había donado 6 pelotas a la escuela, y los miembros de varios clubes martianos invitados habrían regresado de un recorrido entrañable por la conocida fábrica de cervezas Modelo del Cotorro, que hoy lleva el nombre del mártir Guido Pérez.

 

Dicho recorrido se produjo a media mañana, y tuvo varios momentos memorables. El primero fue un espacio de encuentro con la historia.  Allí, al aire libre, como en la manigua, el profesor Jorge Lozano Ros, impartió una de sus clases magistrales. Esta versó sobre el papel de gran importancia que la célula del M-26-7 de aquel mismísimo lugar había jugado en la lucha contra Batista y en el apoyo a las actividades rebeldes en La Sierra.

 

Sergio Anaya Rivero, Mary Díaz Pérez, Sunilda Vega López, Vladimir González Cabrera, Leonel Lino Yero Pérez y Humberto Díaz García fueron los combatientes que participaron con nosotros de ese momento extraordinario en el que más de 80 jóvenes de enseñanza secundaria y preuniversitaria se sentaron a escuchar las historias protagonizadas por aquellos venerables “viejitos”.  

 

Al encuentro se sumaron Teresa Santana Beltrán, Presidenta del Gobierno del Cotorro; René González Sehwerert, vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí; Estrella Barrera Delgado, presidenta del Consejo Popular “Lotería” de ese municipio; Irma Sehwerert, coordinadora de uno de los proyectos comunitarios que participaron de esta edición de “Cultura y Nación, el misterio de Cuba, en el barrio”, así como varias decenas de trabajadores de la fábrica y de otros centros productivos del territorio.

 

“Ahí trabajaba tu abuelo, ahí fue que hizo el sabotaje”- comentó Margarita a su nieta pequeña durante el recorrido por la cervecera. Ella pertenece al Club martiano “Herencia Rebelde”, que agrupa descendientes de  combatientes y mártires de La Habana, como aquellos con los que fuimos a encontrarnos en aquel lugar. Ellas estaban ahí, entre otras razones, porque en el comedor de la fábrica una tarja muy especial iba a ser develada ese día en homenaje al bisabuelo de la niña, José pepe Díaz, quien en apoyo al desembarco del Granma saboteó la fábrica y dejó testimonio escrito, en acto de valentía superlativa.   

 

De regreso a la escuela, se produjo algo de veras insólito: la colocación del nuevo busto escolar: niños de la escuela, guiados por el escultor Andrés González y su propio hijo, Andresito, autores de la obra, ayudaban a dejarlo listo. En el acto el padre compartió con los presentes que lo mejor fue ver los ojos iluminados de los niños cuando sacaron a su Martí del molde y empezaron a quitarle los sobrantes. Estaban “descubriendo a Martí”, literalmente. A pocos metros de allí, los artistas plásticos Kamyl y Victor Mora inauguraban otro de sus monumentales murales. “Martí no tiene esquinas” fue llamado; un título que hace referencia, desde la inusual posición del rostro de Martí, a la universalidad y actualidad de su pensamiento y ejemplo personales.

 

El sábado 14 estuvo cargado también de colores y buenos frutos: una docena de proyectos comunitarios tomaron el barrio por asalto en la mañana y la tarde transcurrió a compás del “dios Cronos” como dice Reinaldo Taladrid, pues este fue el conferencista invitado al espacio de debate del proyecto, donde se abordó el impacto de las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones en nuestros niños y jóvenes. El día finalizó con más intervenciones culturales de gran valor identitario, cerrando por todo lo alto al ritmo contagioso y el decir aleccionador de Tony Ávila, quien compartió escenario con decenas de jóvenes artistas.  

 

Comenzó así un verano diferente, y más que eso: una nueva etapa en la vida de la Escuela Quintín Banderas, en la de sus alrededores más cercanos, en la de su barrio, su municipio…era de esperarse. Después de todo, desde la propia inauguración el animador no paraba de repetirlo: “Este es un proyecto que se queda en el barrio y que tiene que multiplicarse”. Y a esta certeza, habría que agregarle algo: “… tiene que multiplicarse como el mismo Martí, que no tiene esquinas”.