Triste noticia es la muerte de Armando Hart

26 Nov 2017

Todo proceso político genera muchas contradicciones. Las verdaderas revoluciones siempre son Doctor Armando Hart Dávalosturbulentas,  generan muchos afectos y desafectos, y no están exentas de aciertos y errores, a veces comprensivos y en otros momentos no tanto. Más aún si es un proceso sentenciado a muerte por fuerzas externas capaces de construir y diseñar todo tipo de guerras, armar tormentas sociales, justificar sus propias atrocidades y vender al mundo la idea trasuntada de su estirpe y talante como la única posible. Pero detrás de todos esos aciertos y desaciertos, nacidos de coyunturas de toma de decisiones urgentes, están los hombres de carne y hueso, que son los que hacen la historia y son los que aciertan y yerran. Y entre ellos son muchos los que se identifican en masa compacta o se destacan en espíritu colectivo en esa toma de decisiones. En la Revolución Cubana, es sabido por todos, son muchos hombres lo que han acertado en grandes cosas, y que han construido colectivamente las grandes obras de esta hermosa epopeya. Pero sin discusión alguna, uno que descuella inolvidablemente es Armando Hart Dávalos.

 

Dolorosa su partida en momentos en que uno quiere que viva siempre y que esté siempre allí para saludarlo y verlo junto a los jóvenes, junto a su querida Chela quien en este momento debe ser la que más sufra y la que sienta que se le va el amigo, el compañero, la persona siempre presente. Hoy sufro también por Chela, protectora como Hart de jóvenes e impulsora del trabajo descomunal que enfrentó junto a Hart con denodada fuerza desde el triunfo de la Revolución. Pero sufro también por los martianos honestos que veían en Hart el espíritu del Apóstol, por los amigos que lo veneraban por su actitud ante la vida, por su fidelidad puesta a toda prueba, por su humildad y modestia, por su erudición y valentía, por ese deseo de que todo el que lo rodeara fuera siempre mejor.    

 

Siento mucho su muerte y vienen ahora a mi memoria los momentos en que estuvimos más cerca, en aquellas ocasiones cuando se impulsaba con fuerza el Movimiento Juvenil martiano, cuya cabeza indiscutible lo representaba Yusám Palacios Ortega, e íbamos a su encuentro con muchas ideas, proyectos, que vistos en la distancia parecían muy utópicos y demasiado abarcadores para darles una concreción en la dinámica del trabajo de muchas instituciones. Tenían que ver con Martí y con nuestra cultura, sobre cómo impulsar el conocimiento jurídico, el trabajo comunitario con los niños. Sin embargo, nunca rechazó Hart alguna idea que impulsáramos en su presencia, jamás frenó nuestros deseos de transformar y de empujar hacia delante. Todo lo contrario: siempre insuflaba de energías cada encuentro, nunca un “bueno, vamos a ver, eso no se puede ahora, tenemos otros problemas”. Uno salía de sus encuentros con ganas de ganarle a todo, de que todo era posible. Parecía un niño entusiasmado cuando compartía mis preocupaciones por nuestra cultura jurídica, por rescatar nuestro patrimonio jurídico y generar el debate en torno a estos temas desde el Club martiano que lleva el nombre de su padre, el insigne y destacado jurista Enrique Hart Ramírez. Era fuerte su devoción por su padre, “un hombre de ley”, “un hombre de justicia”. Lo vi más de una vez emocionarse por su padre, por alguna anécdota que se contaba en su presencia. Y lo veía entusiasmarse mucho más cuando aquellas evocaciones hablaban de Derecho, de la justicia, de Martí.

 

Ese es el verdadero espíritu de un revolucionario, de un hombre que no miente para preservar cosas, de un hombre que quiere a su Patria realmente y que quiere en serio perfeccionar, revertir lo mal hecho, construir lo que sea útil. Y ese fue siempre su espíritu, por eso muchos jóvenes que cobijó en su extraordinaria labor en la cultura, hoy lo agradecen y lo miran como un padre protector que marcó el camino y les indicó el horizonte a alcanzar. Y todo ello porque parecía como si los avatares de su vida, las desgracias de su vida personal, lo forjaran con los años en una perseverancia de no renunciar a la vida, de ser testarudo a todo lo que fuera consolidar el socialismo, la cultura. Hart es la expresión de lo que todo revolucionario aspira.  

Después de esta conmoción para todos los martianos, vendrá la reflexión sobre cómo seguir su ejemplo, cómo perfeccionar nuestras labores, cómo llevar o mantener vivo al Apóstol en el barrio, en la mujer, en el niño, en el convicto.

Gracias Hart por tu vida y hasta la victoria siempre ¡

Harold Bertot