En la Peña de la memoria, Martí hoy vive.

25 May 2017

Es sábado 20 de mayo del 2017. Ondea la bandera de la estrella solitaria  orgullosa por sobre el cielo cubano. Y allí, en el patio habitual de 17 y D, sede de la Sociedad Cultural José  Martí, realizan  los niños un entrañable homenaje a José Martí por el 122 aniversario de su caída en Dos Ríos.

 

También resulta que coincide la fecha, con el tercer sábado de mes, cuando es la cita de la esperada Peña  Memoria Viva. Por eso, en esa mañana los  pequeños hilvanan y protagonizan  de punta a cabo un programa hermoso, como los que  mensualmente traen a este lugar, para compartir  aprendizajes de la historia y de la obra martiana.  Ellos vienen desde diversos puntos  de la Capital:   Boyeros, Mantilla, 10 de octubre, Santa Fe, San Miguel del Padrón, y ofrecen su homenaje a través de todas las manifestaciones artísticas.

 

Muchos participantes en la Peña ya se conocen del Club Memoria Viva, esos pinos nuevos del Club martiano Herencia Rebelde. Otros, llegaron después y van siendo habituales, y están los que llegan por primera vez para quedar prendados del espacio y lo que allí acontece. Uno de los encantos de estos encuentros  es el amplio abanico de edades, el que va desde los de preescolar hasta  jóvenes universitarios. Con ellos, una ya también habitual y no por eso menos sorprendente masa de  entusiasta público, donde se distinguen a la vista los  amigos, la madre, el papá orgulloso o la abuelita enternecida. Todos comparten el mismo amor: los niños, Martí, la historia y la revolución cubana.

 

Esta vez, a Martí  y a las madres estuvo dedicada la Peña, y explicaba Sadeth- la pequeñita de segundo grado que siempre conduce junto a Carolina, su inseparable compañera de aula- que  “un día 19 como ese de Dos Ríos no se olvida, y como mayo es el mes de las madres y Martí quiso mucho a su madre ésta  es para ellos”. De tal manera comenzaba la ofrenda generosa a “las madres, al héroe, y a la Patria”, al decir del Grupo Fragua quien abría  el espectáculo.

 

Fueron cerca de 40 minutos llenos de  emoción y simpatía. Vimos hermoso, conmovido, vestido del negro más cerrado, cual el Apóstol  en el último día, a aquél  que llegaba con apenas cuatro añitos de la Escuela  Walfrido Hernández   y caía “herido de muerte”   para recordar ese momento triste de la historia,  y con él otros -de su misma altura- que igual sorprendían con su capacidad para la escena, labor encomiable de su maestra de preescolar, Mercedes, que los guía por los caminos de la verdad.

 

Canciones dedicadas a Martí por el Coro Cantábile de la Casa de Cultura de Santa Fe, y el coro de Cubatá; canciones de Silvio magistralmente interpretadas por sus bailarines; los textos martianos de Abdala, cartas a la madre y versos sencillos; hicieron vibrar a todos en los minutos de esa mañana que entonces, con ellos, se convertía en memorable al escucharlos ofrecer una rosa blanca y expresar con convicción la frase: “¡Martí VIVE!”.  Es que la historia se hace cada día.

 

Así, mientras otros olvidadizos recordaban esa fecha del 20 de mayo vinculada a la vergonzosa República neocolonial, los niños cubanos se reunían aquí, en 17 y D, con Martí, para seguir haciendo la verdadera Historia de Cuba, la que forjan sus hijos en la soberanía de su estrella solitaria. 

 

Zulema Armas